viernes, 11 de abril de 2014
A fines de 2013 unos chicos eran entrevistados en las calles de Jobar, un barrio de Damasco, capital de Siria, durante el período de conflictos bélicos que estaba atravesando el país. En un momento de la nota se escucha una explosión, y todos salen corriendo. Minutos más mas tarde la entrevista continúa, como si nada.

Nadie salió herido, y los chicos continúan la charla entre risas, como si nada hubiera pasado. Claramente es una cuestión social, de crianza. Estos chicos nacen así, se acostumbran desde el vientre. Lo he podido ver y percibir en primera persona durante mi corta estadía por Medio Oriente en el 2006.

Y cuando veo estas cosas (terribles por cierto) me llama la atención cómo acá nos desgarramos las vestiduras o invocamos a los derechos humanos por cuestiones tan "simples" (por decirlo de alguna manera), cuando en otros lados les caen misiles en los pies a diario y la gente sigue su vida como si nada.


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