lunes, 23 de septiembre de 2013

¿Qué estoy estudiando? Es una pregunta clásica que una persona le formula a otra cuando la está conociendo, en cualquier sentido, ya sea en una entrevista laboral, en una fiesta, en un grupo de amigos, en una cita. Es una pregunta que he tenido que responder muchas veces en mi vida, y tendré que seguir haciendo. Es una pregunta que, desde mi punto de vista, tendría múltiples respuestas, y la primera que se me ocurre es una repregunta: ¿Querés la verdad o una respuesta que te deje conforme?


La respuesta que te deje conforme


Aunque todos lo nieguen, la realidad es que no todos están dispuestos a escuchar la verdad. Yo mismo espero que me respondan algo que me deje conforme, basado en un principio básico que rige mi andar: pregunta simple --> respuesta simple.

Todo el mundo espera una respuesta sencilla y directa; salvo que seas mina, en cuyo caso hasta el mismo concepto de "simple" se convierte en algo complejo, pero ese es otro tema. Y por si eso fuera poco, estamos inmersos en una sociedad preconfigurada, marcada por preconceptos históricos y socioculturales, en donde todos asocian el verbo "estudiar" al sustantivo "título". Esta sociedad espera que uno se reciba de algo, que uno tenga un diplomita, que uno sea "bachiller" o "perito" en una educación media, y luego "licenciado" o "ingeniero" o algo así.



Y ya de por sí cuando uno dice que estudia algo medio abstracto, como puede ser "arte", lo miran con cara rara, porque no pueden idealizar el concepto de "título". ¿Qué sos, licenciado en arte, ingeniero en arte? No, la gente (o sea, el común de la gente) no lo concibe como algo posible, no pueden entender que se "estudie" arte, porque el arte "se hace". Ojo, acá aclaro que sí hay "carreras" que más que carrera son una caminata, y una pelotudez atroz, pero bueno, ese análisis no es el motivo de esta nota.

El mismo preconcepto se amplía más, porque nos metieron la idea del trabajo calificado, lo cual es cierto, pero erróneamente confundieron "calificado" con "título". Entonces el círculo se cierra, y la gente cree que uno estudia, para tener un título, para tener un buen trabajo, para mantener una familia, para reproducirse y perpetuar la especie. Y esperan que el día de mañana esos hijos estudien, y tengan un título como lo tiene papá, y tengan también trabajos dignos, y se siga perpetuando el apellido. ¡Tres generaciones de médicos! ¡Qué orgullo! ... ¡qué gran boludez diría yo!

Así que bueno, te voy a dejar conforme: estoy estudiando "Ingeniería en Sistemas de Información". Al fin y al cabo era eso lo que querías escuchar (o leer). Así que si no querías saber nada más, podés dejar de leer acá mismo, y seguir jugando al Candy Crush.

Muy lento, muy tranqui, muy relajado, sin preconceptos sociales que me quiten el sueño, es esa la carrera universitaria que algún día me permitirá cobrar un sueldo más alto. Porque es lo único para lo que sirve un título, y esa es la verdad, aunque como dije antes, la mayoría no quiere saber la verdad, así que sigan creyendo que sirve para más cosas, y sean felices conformándose con eso.

La verdad


Quisiera vivir para estudiar, no estudiar para vivir.
- Sir Francis Bacon

Sería difícil hacer una lista de las cosas que estudio, y estaría cerca de poder englobarlo en un término: todo. Mi vida entera es un estudio, dotado de una memoria de elefante que me permite recordar sucesos desde antes de tener uso de razón, siempre presté atención a todo mi entorno. A todo lo que pasa, a todo lo que se mueve y deja de moverse, a las personas con las que estoy, e incluso con las que no estoy. Al clima, al comportamiento humano, a los animales, a los sucesos naturales... Una constante observación y estudio de todo.

Es verdad que el que mucho abarca poco apreta, así que no podría definirme como un experto en nada (eso es porque tengo el preconcepto de necesitar un "título" para considerarme experto). Pero la práctica de la observación y la escucha lleva a uno a ampliar sus capacidades, como ocurre siempre con cualquier actividad que se desarrolla en forma repetitiva. Uno va progresando y mejorando en eso que hace. Y "eso que hace" para mí sería estudiar, al todo.

Algo bueno de eso es que uno tiene su mente abierta a distintas opiniones, puede sentarse a hablar de casi cualquier tema, a escuchar atento a otras personas y poder dilucidar si lo que están diciendo tiene cierta coherencia o es puro chamuyo. Uno puede afirmar con exactitud ciertas cuestiones y defenderlas a muerte, sin necesidad de un título. Pero claro, se chocará con el preconcepto social: "¿vos qué sabés, si estudiás computación?" o "¿qué me venís a hablar de política si te la pasás todo el día atrás de la computadora?" y tantas otras cuestiones.

Lamentablemente uno se choca también con otra triste realidad: el argentino sabe de todo, y lo que no sabe lo inventa. La clásica situación de "hablemos sin saber" sin da a diario en todos los ambientes, en el trabajo, en el subte, en una esquina, en un negocio. Basta detenerse a escuchar un poco las conversaciones ajenas, y a veces es para matarse de risa, y otras para matarlos a los que están hablando. Entonces uno no puede saber de todo, porque caería en la misma bolsa, y lo que diga gozaría de cierto grado de duda, solo porque los demás tienen ese preconcepto de "éste es el típico argento que se las sabe todas".

Pero lo bueno es que uno también tiene la capacidad de reconocer cuando no sabe algo, uno puede decir que carece de conocimiento sobre cierto tema, o negarse a dar una respuesta de algo que desconoce, ¿por qué? porque lo que uno quiere es aprenderlo, saberlo. Si digo que sé sobre un tema X que en realidad desconozco, me estoy poniendo en una situación riesgosa de ser "evaluado", y a la vez estoy limitando mis chances de que alguien que sí sabe me transmita su conocimiento. Contrario a lo que sucede muchas veces en la facultad, donde el "profesor" es ese personaje con "título" y que "sabe" de lo que está hablando, tiene la respuesta a todas las preguntas de los alumnos, y jamás va a decir que no sabe algo, jamás van a decir "no lo sé, te lo averiguo para la próxima y lo charlamos".

El hecho de ser un curioso es lo que lo lleva a uno a estudiar, el hecho de ser un rebelde lo lleva a uno a preguntar, a cuestionar, y no aceptar porque sí las cosas. Por ejemplo, si alguien encuentra un insecto en su comida, seguramente insulte al aire, mate al insecto, tire la comida, y vomite. En cambio yo lo observo, lo analizo, investigo qué insecto es, cuáles son las posibles causas de haber llegado a mi comida, cuáles son las probabilidades de encontrar nuevamente esos bichos, y tantos otros factores relacionados con el contexto y la situación. En el fondo no habré logrado nada, y habré gastado o invertido (según cómo se lo mire) mi tiempo en aprender algo nuevo. En saber algo que hasta ese entonces no sabía. Algo que posiblemente no me sirva para nada en la vida, más que para hacerme feliz a mí, porque así soy yo (curioso y estudioso), y para poder participar algún día en una charla con amigos sobre "bichos en la comida", pero siendo coherente con lo que diga.

Esa necesidad de saber me llevó a incursionar por temas que en otro tiempo detestaba, o pensaba que jamás me iban a interesar, como ser la historia y la política. Lo que deduje con el tiempo fue que el problema no estaba en la temática, sino en la forma. Con un sistema educativo obsoleto y una forma de impartir la educación equivocada (para mi gusto), era imposible que esos contenidos llegaran a mí.

¿Cuántas veces me habré sentado a estudiar con amigos materias que nada tienen que ver con mi carrera? ¿Cuántas veces me habré puesto a corregir exámenes o trabajos de mis amigos? No sólo con el afán de hacer la buena acción del día, de pasar un momento agradable con ellos, de ser el amigo bueno y copado, sino también de aprender, de meterme en otros mundos.

Los viajes son, en la juventud, una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia.
- Francis Bacon

Y también esa curiosidad me acompaña en cada viaje que hago. El intercambio cultural es algo valiosísimo para mí. Conocer otro lugar implica para mí conocer su gente, su cultura, sus costumbres, sus comidas, su música, y lo relacionado al contexto natural también; su flora, su fauna, su relieve y clima. Todo forma parte de la gran aventura de emprender un viaje.

Todo esto siempre va a compañado de lectura. Y ojo que cuando digo "lectura" no me refiero necesariamente a "libros", porque ese es otro preconcepto erróneo de la gente. Cuando la gente te pregunta "¿te gusta leer?" se están refiriendo exclusivamente a los libros. En ese caso mi respuesta que los deja conforme es simplente "no, no me gusta leer". Pero la verdad es que sí, leo, y mucho. No me gustan los libros ni los papeles, pero leo infinidad de cosas, artículos, notas, diarios, revistas, blogs. Y también veo tele, escucho radio, miro videos, documentales, películas, etc. Todo se complementa.

Conclusión


Los que solo escuchen la respuesta que los deje conforme, pensarán que soy un fracasado que llevo 12 años en la facultad y estoy por la mitad de la carrera. Pero los que lean el cuento hasta el final sabrán que, además, en mis veintilargos años de uso de la razón, adquirí una gran cantidad de conocimientos en ciencias, artes, psicología, historia, antropología, filosofía, geografía, música, política, medicina, y tantas otras cosas.

Al fin y al cabo, ¿cuántas personas famosas y exitosas tienen título? Y las que lo tienen, muchas veces no lograron su éxito por dedicarse a la carrera que eligieron, sino por otros motivos. ¿Acaso la gente recuerda a Gandhi por ser abogado? ¿Acaso la gente recuerda a Ernesto Guevara por ser médico? ¿Acaso Sarmiento fue un gran maestro porque hizo el magisterio y se recibió con 10?

No me llamaron por mi prontuario, sino por mi capacidad.
- Carlos Grosso

Si llegaste hasta acá tal vez estás pensando que estoy loco, que me drogué antes de escribir esta nota, que le puse cripy al narguile, que soy un maldito egocéntrico, que perdiste tiempo al pedo leyendo esto, y te estarás cagando de risa de mi forma de pensar y ver las cosas. Si ocurrió algo de eso, no me sorprende, era de esperarse, porque entenderás que también te estudio a vos, tu forma de pensar y actuar. Sé que si llegaste hasta acá es porque sos un curioso, pero deberías haber dejado de leer cuando te di la respuesta que te dejaba conforme. O tal vez seguiste hasta el final porque querías conocerme un poco más.

Algo te arrastró hasta el final, a seguir leyendo. Eso mismo me pasa a mí cuando me enfrento con algo en la vida, algo me impulsa a seguir hasta el final, a no quedarme con la mitad de la historia. Entonces entenderás que no estoy tan loco, simplemente soy un poco más extremista en algunos aspectos. Ahora sabés más de mi, perdiste (o invertiste) tu tiempo en algo que no te cambia para nada, y solo te puede sirvir en alguna conversación con amigos de "saquémosle el cuero a Lea" para poder hacerlo con fundamento y razón. ¿Ves? Es lo mismo que me pasa a mí cuando encuentro insectos en mi comida, o cuando se corta la luz, o cuando hay un terremoto, o cuando baja la cotización del dólar...

Si pudieras llevar esa curiosidad a otros aspectos de tu vida, lograrías una gran apertura mental, saldrías de la burbuja que nos encierra día a día, respirarías otros aires, hablarías con otras personas, y tantas otras cosas buenas para las cuales no hace falta un título, pero sí hace falta estudiar.

Y es esa la conclusión final: estudiar es más que necesario, es eso lo que nos hace crecer y ser mejores personas, es eso lo que nos mantiene en pié y nos enfrenta con mayor seguridad al futuro incierto. Pero no confundamos estudiar con tener un título. Tener un título es solo un preconcepto social ínfimo dentro del gran universo que implica estudiar.

Nunca consideres el estudio como una obligación sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravillosos mundo del saber.
- Albert Einstein

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